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TelaSaco Digital No es Caraota | Comentarios finales al libro sobre Remón Contrapunto

El rejuego político de los distintos grupos allegados al poder tras la muerte de Remón fue la razón por la cual José Ramón Guizado fue despojado de la presidencia. La acusación de Miró en su contra fue la excusa para sacarlo. Posteriormente se le ofrecería, como en efecto se hizo, un trato, que incluía dejarlo en libertad. La maquinaria política legislativa, la Asamblea Nacional, le suspendería los derechos políticos a Guizado siempre y cuando renunciara a la presidencia, trato que Guizado rechazó. Esta sentencia sería igual a la impuesta al presidente Arnulfo Arias cuatro años antes. En vísperas del juicio, Erasmo de la Guardia, prestigioso jurista y buen amigo de mi padre se presentó una noche a nuestra residencia a ofrecerle el trato anteriormente descrito. Es justo reconocer que, aunque no estamos de acuerdo con sus planteamientos ni su conclusión, la nueva información aportada por Díaz Brandao parece esclarecer el magnicidio

Mis comentarios del 31 de mayo pasado sobre el libro ¿Quién mató a Remón? de César Díaz Brandao, y publicados por La Prensa, estaban dirigidos en dos direcciones.

La primera, por la información nueva que aportaba. Las evidencias procesales mencionadas por Díaz Brandao en su réplica a mis comentarios deben reposar en las distintas entidades públicas desde 1955 por lo que no son nuevas. Nueva información es la entrevista que le hace a Manuel Antonio Noriega, quien fuera jefe del G-2 de la Guardia Nacional por más de una década y conocedor del aparato investigativo militar panameño. Noriega le da una pista sugiriendo al cadete Tejada como tirador, pista que descarta el autor.

La información de los archivos de la Brigada 470 de la Zona del Canal también es nueva. En ella, se señala un altercado donde el primer comandante de la Guardia Nacional, Bolívar Vallarino, acusa al tercer comandante, Timoteo Meléndez, de asesinar a Danilo Sousa. Nuevos también son los documentos de la CIA, agencia central de inteligencia norteamericana, que señalan al cadete Tejada, el mismo que Díaz Brandao descarta como tirador, así como el manifestar que Rubén Miró le había dicho que no temiera, que no los iban atrapar porque el comandante Meléndez estaría en el área con un radiopatrulla en caso de que algo saliera mal.

Curiosamente, el comandante Timoteo Meléndez estaba, un domingo en la noche, en el lugar de los hechos en el preciso momento del asesinato de Remón. Minutos después moría Danilo Sousa, testigo ocular de los acontecimientos, quien fue detenido por la Guardia, montado en un radiopatrulla con vida y que llegó muerto al Hospital Santo Tomás.

El segundo enfoque de mis comentarios se refería a las innumerables incongruencias. La más evidente, cuando Díaz Brandao afirma que el debido proceso fue respetado. Las propias declaraciones de Eduardo Grau muestran lo contrario; fueron manipuladas para que no formaran parte de la investigación pues no convenía que sus declaraciones, que implicaban a los comandantes Saturnino Flores y Timoteo Meléndez en un golpe contra Remón, fueran incluidas en el expediente. En otra de las flagrantes violaciones al debido proceso, Díaz Brandao deliberadamente ignora el hecho de que a los detenidos, los sacaban de la cama en horas de la madrugada obligándolos a declarar. También ignora que durante estas indagatorias, sin la presencia de abogados, los detenidos eran iluminados por una potente lámpara eléctrica estilo linterna.

Lo cierto es que Díaz Brandao no pudo refutar nuestros señalamientos a su libro. En su respuesta se va por la tangente, repitiendo referencias encontradas en su libro, plasmadas en las indagatorias de la época las que fueron refutadas en su momento.

Para ponerle punto final a este asunto, Díaz Brandao, con mucho acierto, dice en su prólogo que quienes escriben sobre el pasado no están seguros de lo escrito pues ellos no estaban presentes. En este caso específico, él admite no haber estado ahí. Yo sí estuve presente y me tocó vivir los acontecimientos que sacudieron al país desde el momento que asesinaron al presidente Remón, eventos que mostraron cuán ruin, vil, sucia y corrupta podía ser la política partidista panameña.

El rejuego político de los distintos grupos allegados al poder tras la muerte de Remón fue la razón por la cual José Ramón Guizado fue despojado de la presidencia. La acusación de Miró en su contra fue la excusa para sacarlo. Posteriormente se le ofrecería, como en efecto se hizo, un trato, que incluía dejarlo en libertad. La maquinaria política legislativa, la Asamblea Nacional, le suspendería los derechos políticos a Guizado siempre y cuando renunciara a la presidencia, trato que Guizado rechazó. Esta sentencia sería igual a la impuesta al presidente Arnulfo Arias cuatro años antes. En vísperas del juicio, Erasmo de la Guardia, prestigioso jurista y buen amigo de mi padre se presentó una noche a nuestra residencia a ofrecerle el trato anteriormente descrito. Es justo reconocer que, aunque no estamos de acuerdo con sus planteamientos ni su conclusión, la nueva información aportada por Díaz Brandao parece esclarecer el magnicidio.

El autor es banquero retirado.

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